martes, 13 de abril de 2010

Comportamiento humano ( actualizacion del 2do Articulo )



Los 10 experimentos psicológicos más reveladores

La psicología es el estudio de la mente humana y los procesos mentales relacionados al comportamiento y a la naturaleza humana. Como depende en gran medida de cada individuo, no es considerada una ciencia dura, a pesar de que algunos psicólogos experimentan y publican sus descubrimientos en diversos periódicos y revistas. Algunos de los experimentos psicológicos realizados en los últimos años son extraordinariamente reveladores acerca de cómo los humanos pensamos y nos comportamos y que, a pesar de que no estemos orgullosos, nos deja reflexionar y mantener la humildad.




1) Cueva de los ladrones: Teoría de la identidad social
Experimento social clásico que se llevó a cabo con dos grupos de niños de 11 años de edad en un parque público de Oklahoma, y demostró cuan fácil se puede adoptar un grupo de identidad exclusivo y cuan rápido este grupo puede degenerar en prejuicios y hostilidad a quienes no formen parte del mismo.


El investigador Muzafer Sherif realizó un total de tres experimentos. En el primero, los individuos se unieron en un mismo equipo para acosar a un enemigo en común. En el segundo, se integraron para acosar a los investigadores. En el tercer y último experimento, los investigadores lograron que los grupos se acosaran entre sí.

2) Poder corrupto: La prisión de la Universidad Stanford
Un desagradable experimento que buscó medir la profundidad del odio en el corazón humano terminó afectando a sus investigadores tanto como a los sujetos control. El psicoanalista Philip Zimbardo dividió a sus participantes en dos grupos llamados "prisioneros" y "oficiales". Se realizó en una cárcel ficticia creada en el sótano de la Universidad Stanford. Los prisioneros fueron arrestados, desnudados, desparasitados y se les afeitó la cabeza, entre otros abusos. Los oficiales fueron premiados por haber cumplido satisfactoriamente con la tarea.


Al segundo día, los prisoneros se revelaron y la reacción de los oficiales fue rápida y violentamente brutal. En poco tiempo, los prisioneros volvieron a comportarse bien y con una obediencia ciega, mientras los oficiales disfrutaban de sus roles provocando y abusando de su situación. Esto pudo confirmar científicamente la idea de que los humanos guardan dentro de sí tendencias malignas. El experimento, que estaba previsto realizarse en 14 días, duró sólo seis debido al irracional incremento del abuso por parte de los oficiales.

3) Obediencia a la autoridad: Capacidad humana para la crueldad
En 1963 el psicólogo Stanley Milgram intentó comprobar la propensión de las personas para obedecer a la autoridad cuando le fuera ordenado lastimar o herir a otra persona. Para este momento, el mundo aún estaba tratando de entender que había pasado en Alemania durante la Segunda Guerra, que había causado tanto horror. A los sujetos de Milgram se le dijo que ellos serían "maestros" de un "aprendiz", que estaba secretamente dentro del experimento. Ellos debían darle descargas eléctricas al "aprendiz" si él o ella emitía una respuesta errónea. Peor aún, fueron obligados a elevar el nivel de la descarga si el "aprendiz" continuaba dando respuestas incorrectas.

Sin importar los gritos y llantos de los aprendices escondidos, los sujetos continuaron entregando fuertes descargas si se les ordenaba hacerlo por el experimentador de guardapolvo blanco. Continuaron, incluso cuando se les había dicho que habían dejado inconsciente a los aprendices. ¿La conclusión? Parece los humanos somos fácilmente manipulables para apartar consideraciones morales y éticas cuando somos ordenados a violarlas por la autoridad.



4) Conformidad: No creas lo que ven tus ojos
De la teoría de la identidad social, los psicólogos tomaron el dinamismo y los prejuicios de los grupos, y qué tan natural es para éstos evocar conformidad entre sus propios miembros. En 1951, Solomon Asch se puso como meta identificar y cuantificar el grado en que el juicio individual afecta la paz dentro del grupo.

El ambiente fue especialmente desarrollado para el experimento. Tras la respuestas equivocada de un sujeto a un cuestionario, se le solicitó a un grupo de estudiantes universitarios que emitieran su propio juicio acerca de lo que pensaban. El 50% dio la misma respuesta equivocada. Sólo el 25% se privó de dejarse llevar por las respuestas equivocadas, mientras que el 5% siempre fue con la mayoría de la gente. Con este interesante experimento se probó que la mayoría de las personas prefieren ignorar lo que saben e ir con una falsedad si están en un grupo que insiste que el argumento erróneo es verdadero. ¿Qué más puede hacer la gente bajo la influencia de un grupo?



5) Mentirse a uno mismo
Uno puede sospechar que la gente es muy buena cuando se trata de ignorar los sentimientos, creencias y deseos, incluso mintiéndose a sí misma (y saliéndose con la suya). En un experimento clásico realizado en 1959, psicólogos desarrollaron un modelo con diferentes niveles de deshonestidad, en el que se intentó comprobra hasta qué punto una persona ignorará su propia experiencia, incluso hasta convencer a otro de algo que no es cierto.


La capacidad humana para sostener la disonancia cognitiva fue desde entonces confirmada con muchos experimentos posteriores. Esta capacidad está directamente alineada con nuestro deseo de ser y formar parte de un grupo, ajustando nuestros propios valores y creencias acerca de cosas para estar a la par de los que nos rodean. Por ahí, sabiendo acerca de estas debilidades, podremos alguna vez evadir el creer tanto en nuestra propias mentiras.


6) ¿Realmente haz visto eso?
En 1974, investigadores diseñaron un experimento para comprobar la efectividad de la memoria, y si esta puede ser manipulable. 45 personas vieron una película acerca de un accidente de tránsito. A 9 de esas personas se les preguntó luego que estimaran a qué velocidad iban los vehículos cuando chocaron. Se les preguntó lo mismo a los otro 4 grupos pero la palabra "choque" fue reemplazada por palabras diferentes como colisión, impacto, encontronazo y golpe.


Para los que respondieron a la palabra choque, iban 30km más rápido que aquellos a los que se le dijo la palabra encontronazo. Una semana más tarde, se les pregunto a los participantes acerca de vidrio roto en el accidente (de un accidente mucho más serio), y aquellos que tuvieron palabras más fuertes recordaron vidrio roto en el accidente, cuando en realidad no había habido ninguno. Parece que algo tan preciso como una palabra puede manipular la memoria de un evento o acontecimiento.


7) El mágico número 7
El psicólogo George Miller escribió en 1956 que estaba siendo perseguido por el número 7, el cual se le inmiscuía en su mente mientras analizaba información o leía periódicos. Algunas veces la intromisión era más fuerte, otras veces era más suave, pero siempre se trataba del número 7. Miller teorizó, entonces, que este número mágico representaba el número de cosas que los humanos podíamos sostener en nuestra memoria de corto plazo a cualquier punto en el tiempo, con un margen de error de más menos 2.


En estudios más recientes, se demostró que las personas tienen la habilidad de agrupar cosas en su memoria de corto plazo, siendo entonces más hábiles de recordar cosas individuales. No obstante, la mayor cantidad de grupos que pueden formar parte de nuestra memoria de corto plazo es de 7, con un margen de error de más menos 2. Quiza sea esta la razón por la que el numero siete ha tenido tanta importancia en la cultura humana y ha sido tan vital para los dioses.


8) Anatomía del pánico de las masas: La guerra de los mundos
Orson Wells emitió por radio una adaptación de La Guerra de los mundos en 1938, causando pánico a casi tres de las seis millones de personas que estaban escuchando. Psicólogos de la Universidad de Princeton luego entrevistaron a 135 residentes de New Jersey acerca de sus reacciones sobre lo ocurrido.


Un sorprendente número de personas atemorizadas ni siquiera se molestó en revisar la veracidad de la información que se había emitido, y muchos ciudadanos muy educados creyeron que era cierto solo porque estaba en la radio y, por ende, era información confiable. Nos gusta creer que hoy en día ya todos somos más sofisticados y no caemos en dramatizaciones tan obvias. Aunque no es tan así. La manipulación de los medios maneja nuestras emociones y deseos de forma tan subjetiva que muchas veces logra pasar desapercibida por quien lo recibe.


9) En la mesa de negociación las amenazas no funcionan
Afortunadamente, el comportamiento de los individuos es menos violento y deshonesto que el comportamiento de los "grupos". En lo que se refiere al área de la diplomacia, entre individuos y grupos la gente intenta conseguir acciones que necesita de otros, en lo posible sin tener que renunciar a mucho por el cambio. Los investigadores Morgan Deustch y Robert Krauss pusieron a prueba dos factores involucrados en el armado de acuerdos entre humanos en 1962: comunicación y amenazas.


En este complicado experimento económico se descubrió que las relaciones de cooperación mutua entre personas son mucho más beneficiosas para ambas partes que las amenazas, ya sean acuerdos unilaterales o bilaterales. No exactamente una aprobación al capitalismo que elimina por completo a la competencia, pero en vista de la situación económica actual, quizá el resultado de este experimento debiera ser tenido en cuenta mientras salimos de la crisis mundial.


10) Comportamiento humano bajo situaciones de riesgo
Hablando de economía, los investigadores Daniel Kahneman y Amos Tversky estudiaron el proceso de decisión durante situaciones de alto riesgo y tensión, y crearon una teoría que les valió un Premio Nobel y fue usada para desarrollar y predecir modelos económicos e influyentes campañas de márketing.


Pareciera que todo remite al marco de la situación. La gente se comporta de manera diferente dependiendo de cómo sea presentada la situación. Si se presenta en términos de pérdidas, más gente estará dispuesta a tomar riesgos. Caso contrario ocurría cuando lo que había del otro lado era más ganancia que pérdida. Como en el mundo de los humanos con los estereotipos, el marco en el que se presenten las situaciones lo cambia todo.


Fuente: Brainz.org

lunes, 12 de abril de 2010

5 Experimentos Psicológicos que Demuestran que la Humanidad Está Condenada





Está tomado de un artículo publicado en Cracked, que es un sitio que publica habitualmente listas de las cosas más destacables de alguna categoría. Algunos de estos experimentos ya los conocía (por ejemplo, los vi en 5º año, en psicología). Lo interesante es que son cosas muy simples y que uno se imagina que son fácilmente reproducibles. Lo peor es que al leerlo no sólo me imagino reproduciendo ese experimento sino también obteniendo los mismos resultados. Aquí va un resumen traducido.

5. El experimento Asch de conformidad (1953). En este experimento se tomaba una persona y se la ponía en un grupo de gente que ya estaba al tanto. Se mostraba alguna consigna muy fácil (como decir qué línea es más larga) y se les preguntaba la respuesta, primero a los que ya estaban al tanto y después al sujeto. Aunque la respuesta era muy obvia, si los que estaban al tanto contestaban mal (a propósito) un 32% contesta lo mismo.

4. El experimento del buen samaritano (1973). Este experimento se hizo con seminaristas. A la mitad del grupo se le pidió que hagan un sermón sobre el buen samaritano (un tipo que encontró a otro tirado agonizando y lo ayudó, aunque había otras personas supuestamente más nobles que no movieron un dedo). La otra mitad tenía que hacer un sermón sobre oportunidades laborales. A algunos de ellos les dieron un horario apretado para llegar hasta el lugar donde tenían que dar el sermón y a otros les dieron más tiempo. En el camino, pusieron a un actor simulando estar gravemente herido. Curiosamente, el hecho de haber leído sobre alguien que se detiene a ayudar a otro no hizo que esos seminaristas se detuvieran a ayudar más que los otros. En cambio, se paraban más frecuentemente los que tenían más tiempo. De los que estaban apurados, sólo el 10% paró a ayudar.

3. Apatía del testigo (1968). Hubo un asesinato muy famoso en 1964 del cual 38 personas fueron testigos y nadie hizo nada (ni siquiera llamar a la policía). Este experimento trataba de reproducir eso. Se convocó a distintas personas con el pretexto de hacerles preguntas privadas. Para "preservar su privacidad" se les dijo que estarían solos en una habitación y se comunicarían mediante un intercom con el investigador, que sería el único que escucharía. En un momento, el investigador simularía tener un ataque de epilepsia. Si el sujeto creía estar solo, salía de la habitación para brindar ayuda un 85% de las veces. Pero si estaba con otros cuatro sujetos (todos ellos en habitaciones separadas), sólo el 31% de la gente ayudaba. Tal vez pensarían que los demás lo harían, pero si todos piensan eso...

2. El experimento de la prisión de Stanford (1971). Este experimento es muy famoso y ya se comentó acá. Se toman estudiantes comunes y se los divide en dos grupos. Uno representa a los carceleros y otro a los presos. Los carceleros tienen que encargarse de que nadie escape. Al cabo de un día, los carceleros se toman tan a pecho su labor que empiezan a torturar a los presos, a negarles asistencia y a maltratarlos. Los presos se vuelven aislados, temerosos y ni siquiera se les ocurre pedir que termine el experimento. Algunos se convierten en soplones, otros organizan huelgas. El experimento debía durar dos semanas, pero la situación se puso tan espesa que hubo que cancelarlo a los seis días. Esto demuestra que todo el mundo tiene algo de sádico y que un policía brutal no es necesariamente más brutal que la persona a la que golpea, sino que tal vez si los roles se invirtieran la persona también sería brutal si tuviera un uniforme y un bastón.

1. El experimento Milgram (1961). Este experimento se proponía investigar el principio de obediencia debida y creo que ya se comentó acá. Se toma una persona y se le dice que tiene que leerle una lista de pares de palabras a otra persona (que en realidad es un actor). Después, tiene que leerle sólo una de las dos palabras y el actor tiene que decir la otra palabra del par. Si se equivoca, el sujeto tiene que darle un choque eléctrico, que empieza en 45 voltios y va en aumento. En realidad, los choques estaban simulados, aunque al sujeto le mostraban cómo se sentía la descarga de 45 voltios antes de empezar. A medida que el voltaje aumentaba, el actor gritaba, golpeaba la pared y se quejaba de su problema del corazón. En un momento, dejaba de hacer ruidos. La mayoría de los sujetos en este punto se detenía y le preguntaba al experimentador si no sería mejor ver si el actor estaba bien. Sin embargo, cuando el experimentador les decía que continuaran y que no serían responsables de lo que ocurriese, casi todos seguían. El 65% de los sujetos llegaron a administrar los 450 voltios, que era el máximo posible. Incluso siguieron dando choques eléctricos después de que el actor dejó de hacer sonidos. Ningún sujeto se cuestionó dar los choques antes de los 300 voltios. Algunos luego ofrecieron devolver el dinero que les pagaban por la prueba. Milgram fue cuestionado por someter a los sujetos a una gran presión psicológica (al fin y al cabo, creían que estaban hiriendo gravemente o matando a alguien). Sin embargo, la mayoría de los participantes expresaron su satisfacción por haber participado y muchos se ofrecieron para otros experimentos. Uno de ellos incluso escribió a Milgram diciéndole que su experimento le había hecho tomar conciencia de cómo se obedece ciegamente a la autoridad y que gracias a él había decidido no ir a Vietnam por objeción de conciencia. Hubo 19 variaciones del experimento. Si el experimentador daba órdenes por teléfono en lugar de personalmente, la obediencia disminuía. Lo mismo ocurría si, en lugar de estar físicamente separados y no verse, el sujeto tenía que sostener la mano del actor contra la placa de contacto. Las mujeres obedecían más o menos igual que los hombres, pero decían sufrir más estrés. Si el experimento se hacía en una oficina cualunque en lugar de la universidad de Yale, la obediencia disminuía. Lo mismo pasaba si el sujeto estaba con otros sujetos (que en realidad eran experimentadores) que se negaban antes.

Curiosamente, Charles Sheridan y Richard King, que sospechaban que de alguna forma los sujetos se daban cuenta inconcientemente de que el sufrimiento del actor era fingido, repitieron el experimento, pero esta vez dándole choques eléctricos reales a un cachorro de perro. 20 de 26 participantes completaron la prueba. Todos los que se negaron eran hombres, mientras que todas las mujeres continuaron hasta el fin.

http://www.cnbaforo.com.ar/showthread.php?t=20531